Por Juan Pablo Ojeda

 

La economía mexicana avanzó apenas 0.8 por ciento en 2025. Es crecimiento, sí, pero uno que se siente corto para el tamaño de los retos que enfrenta el país. Así lo reconoció el secretario de Hacienda, Édgar Amador Zamora, quien calificó el resultado como “modesto” y por debajo de lo que México necesita para acelerar empleo, inversión y bienestar.

El dato oficial fue publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, y aunque el país logró esquivar la contracción que algunos organismos internacionales pronosticaban a inicios del año —en medio de tensiones comerciales y desaceleración global—, el desempeño quedó lejos de lo ideal. Incluso se ubicó dentro del rango previsto por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, que estimaba entre 0.5 y 1.5 por ciento, pero más cerca del piso que del techo.

El principal freno fue la industria. Las actividades secundarias, donde se concentra la manufactura y buena parte de las exportaciones, cayeron 1.1 por ciento. Es un dato relevante porque la industria es uno de los motores históricos del crecimiento mexicano, sobre todo por su vínculo con el mercado estadounidense. En contraste, el campo avanzó 4 por ciento y los servicios crecieron 1.5 por ciento, ayudando a que el balance general no terminara en números rojos.

Más allá del dato anual, lo que puso sobre la mesa el secretario fue un problema estructural: el bajo contenido nacional de las exportaciones. Por cada dólar que México vende al exterior, solo 51 centavos corresponden a valor generado en el país; el resto son insumos importados que aquí se ensamblan o transforman. En economías del sudeste asiático, esa proporción alcanza hasta 83 centavos por dólar exportado.

¿Por qué importa esto? Porque mientras menos valor se genere dentro del país, menor es el impacto real sobre salarios, cadenas productivas locales y desarrollo tecnológico. México exporta mucho, pero todavía depende en gran medida de componentes del extranjero. Eso limita el efecto multiplicador de las ventas externas sobre el crecimiento interno.

Ante ese diagnóstico, el gobierno federal presentó el llamado Plan México, que busca elevar el contenido nacional de las exportaciones al menos a 61 centavos por dólar. De acuerdo con lo expuesto por Hacienda, si se logra ese objetivo, el PIB podría recibir un impulso adicional de hasta 1.5 puntos porcentuales en el largo plazo. Es decir, no se trata solo de vender más, sino de producir más dentro del país.

México se mantiene como el principal socio comercial de Estados Unidos, tanto en exportaciones como en importaciones, lo que demuestra la fortaleza del sector industrial pese a la desaceleración. Sin embargo, el reto ahora es transformar esa posición estratégica en mayor generación de valor interno.

El crecimiento de 0.8 por ciento evita una crisis, pero no alcanza para hablar de un despegue. La discusión de fondo no es solo cuánto crece México, sino cómo y con qué calidad lo hace. Ahí, la clave parece estar en fortalecer la industria nacional y reducir la dependencia de insumos externos para que cada dólar exportado deje más riqueza dentro del país.

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