Por Juan Pablo Ojeda
El expríncipe Andrés, hermano del rey Carlos III del Reino Unido, volvió al centro de la polémica internacional tras la difusión de nuevas imágenes y correos incluidos en los llamados “archivos de Epstein”, hechos públicos recientemente. Las revelaciones han reavivado los cuestionamientos sobre su relación con el financiero estadounidense, acusado de encabezar una red de abusos sexuales.
Las fotografías, que ocuparon las portadas de los principales diarios británicos como The Times, Daily Mail y The Sun, muestran a Andrés arrodillado junto a una mujer cuyo rostro no es visible. En las imágenes, tomadas cuando el entonces Duque de York tenía alrededor de 40 años, se le observa vestido de forma informal, en un ambiente que aparenta ser relajado y privado. En una de ellas mira directamente a la cámara; en otra, coloca una mano sobre el vientre de la mujer, mientras una tercera persona aparece al fondo de la escena.
A las imágenes se suman correos electrónicos que profundizan la controversia. En uno de ellos, fechado en agosto de 2010, Jeffrey Epstein promete enviar a Londres a una joven rusa de 26 años, describiéndola como “inteligente, hermosa y de fiar”. El mensaje estaba dirigido a un destinatario identificado como “HRH, el Duque de York”. En otros intercambios, se documentan invitaciones mutuas entre Epstein y Andrés para visitarse en sus residencias, incluido el Palacio de Buckingham, cuando ya era ampliamente conocido el historial criminal del financiero.
Uno de los correos más delicados data de septiembre de 2010, apenas un mes después de que Epstein saliera de arresto domiciliario. En él, Andrés aparentemente invita a Epstein a Buckingham Palace con total normalidad, lo que ha generado fuertes críticas por la cercanía mantenida pese a la gravedad de las acusaciones que ya pesaban sobre el empresario.
Estas revelaciones se suman a una serie de escándalos que llevaron a que, en octubre pasado, el rey Carlos III despojara a su hermano del título de príncipe y le ordenara abandonar la residencia que ocupaba en Windsor. Aunque el monarca buscó marcar distancia con estas decisiones, el traslado del expríncipe aún no se ha concretado, pese a que la prensa británica ha reportado movimientos de mudanza en la zona.
Hasta ahora, Andrés no ha emitido ninguna declaración pública sobre las nuevas pruebas difundidas. Su silencio contrasta con la magnitud de las revelaciones, que vuelven a sacudir a la monarquía británica y refuerzan el debate sobre la rendición de cuentas de figuras públicas frente a escándalos de alcance global.
