Por Juan Pablo Ojeda

 

La primera reunión entre Donald Trump y Gustavo Petro se llevó a cabo este martes en la Casa Blanca bajo un formato inusual: sin acceso a la prensa, sin guardia de honor y sin el recibimiento protocolario que suele acompañar a las visitas de jefes de Estado. El encuentro, realizado a puerta cerrada, reflejó desde el inicio la cautela con la que ambos gobiernos han decidido manejar una relación marcada por choques políticos y diplomáticos.

Petro llegó a la residencia presidencial en un vehículo oficial del Servicio Secreto estadounidense, ingresando por el Edificio de Oficinas Ejecutivas y no por el Pórtico Norte, un detalle que subrayó el bajo perfil del encuentro. Tampoco hubo imágenes públicas del saludo entre ambos mandatarios, algo que sí ocurrió recientemente con otros líderes latinoamericanos recibidos por Trump.

La cita ocurre en un momento clave para Colombia, con Petro en la recta final de su mandato y con las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina. En el centro de la conversación está el tema del narcotráfico, uno de los puntos más sensibles de la relación bilateral. Washington sostiene que la producción de cocaína se ha incrementado durante el gobierno colombiano, mientras que Petro defiende su estrategia de sustitución de cultivos como un camino distinto al enfoque punitivo tradicional.

El encuentro se da después de un año de tensiones severas. La administración de Trump retiró a Colombia la certificación como país cooperante en la lucha contra las drogas, revocó la visa del presidente colombiano y lo incluyó, junto con parte de su familia, en la llamada Lista Clinton, lo que implicó sanciones financieras. Desde Bogotá, Petro respondió con críticas abiertas a la política ambiental de Trump, a su postura frente a la guerra en Gaza y a diversas acciones de seguridad de Estados Unidos en la región.

Pese a ese contexto, en enero ambos mandatarios retomaron contacto telefónico y acordaron verse en Washington. Trump incluso aseguró que Petro había cambiado su actitud tras la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses, y expresó su expectativa de que la reunión fuera productiva.

Horas antes del encuentro, el gobierno colombiano extraditó a Estados Unidos a Andrés Felipe Marín Silva, alias Pipe Tuluá, acusado de tráfico de cocaína y solicitado por un tribunal federal en Texas. El gesto fue interpretado como una señal de buena voluntad previa a la reunión.

Aunque no hubo declaraciones públicas tras el encuentro, el solo hecho de que Trump y Petro se sentaran a dialogar, luego de meses de confrontación, abre la puerta a una posible recomposición pragmática de la relación entre ambos países, marcada por intereses comunes pero profundas diferencias políticas.

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