Por Bruno Cortés
Para la diputada Olga Sánchez Cordero, uno de los grandes pendientes del Estado mexicano no está en crear nuevas leyes espectaculares, sino en hacer que las instituciones encargadas de investigar delitos realmente funcionen. Desde su experiencia como jurista y exministra, la legisladora de Morena sostiene que es urgente meterle mano a la procuración de justicia para reestructurar fiscalías y fortalecer las investigaciones, especialmente cuando se trata de corrupción.
Dicho en palabras sencillas, Sánchez Cordero plantea que muchas veces no es que no existan delitos, sino que las fiscalías están rebasadas. Tienen demasiados asuntos, pocos recursos y estructuras que no siempre les permiten investigar a fondo. Esto explica, según su visión, por qué tantos casos de corrupción se quedan sin avanzar o nunca llegan a los tribunales.
La diputada señaló que la Fiscalía General de la República ya cuenta con un área especializada en combate a la corrupción, pero considera que ese modelo debería replicarse en los estados. La lógica es clara: si el problema es nacional, también se necesitan fiscalías estatales con personal capacitado, autonomía técnica y herramientas suficientes para seguir la ruta del dinero, recabar pruebas y sostener los casos ante los jueces.
Otro punto clave en su planteamiento es la denuncia ciudadana. Sánchez Cordero advirtió que muchas personas no denuncian actos de corrupción por miedo a represalias, ya que al hacerlo quedan expuestas frente a quienes están siendo señalados. Por eso, insistió en la necesidad de fortalecer los mecanismos de denuncia anónima, como una forma de proteger a la ciudadanía y romper el silencio que suele rodear a estos delitos.
Desde su perspectiva, una reforma en materia de procuración de justicia no puede ser superficial. Debe ir al fondo: mejorar los procesos de investigación, profesionalizar el peritaje, reorganizar las fiscalías y darles capacidad real para cumplir su función. De lo contrario, advirtió, cualquier discurso anticorrupción se queda solo en el papel.
Sobre la eventual reforma electoral, la legisladora de Morena se mostró cauta. Dijo que esperará conocer la propuesta formal para analizarla a detalle, pero subrayó un principio básico en el Congreso: las reformas de gran calado deben construirse con todas las fuerzas parlamentarias y no imponerse desde una sola mayoría.
En el fondo, el mensaje de Sánchez Cordero apunta a algo que suele frustrar a la ciudadanía: la impunidad. Sin fiscalías fuertes, con tiempo, recursos y respaldo legal, combatir la corrupción se vuelve una promesa difícil de cumplir, sin importar quién gobierne.
