Por Juan Pablo Ojeda

La detención de Ryan Wedding, exatleta olímpico canadiense convertido en presunto operador del narcotráfico internacional, abrió una grieta incómoda entre las versiones de México y Estados Unidos. Mientras el gobierno mexicano sostiene que el acusado se entregó de manera voluntaria en la Embajada de Estados Unidos, el diario estadounidense The Wall Street Journal asegura que en realidad hubo una operación encubierta del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en territorio nacional.

Wedding, de 44 años, llegó a estar entre los hombres más buscados por Estados Unidos, señalado por encabezar una amplia red de tráfico de cocaína y por mantener vínculos con el Cártel de Sinaloa. De acuerdo con la investigación del WSJ, agentes del Equipo de Rescate de Rehenes del FBI participaron directamente en su captura tras una negociación en la que se le habría advertido que sus socios ya habían sido detenidos y que buena parte de su fortuna había sido asegurada.

El medio estadounidense sostiene que, tras ese intercambio, Wedding fue esposado por agentes del FBI y trasladado a California, donde se declaró inocente ante un tribunal federal de 17 cargos graves, entre ellos homicidio. La participación de agentes extranjeros, añade el diario, se intentó mantener en secreto debido a que la legislación mexicana prohíbe que fuerzas de seguridad de otros países realicen operativos o detenciones en suelo nacional.

La versión periodística contrasta con la narrativa oficial mexicana. La presidenta Claudia Sheinbaum ha reiterado que no hubo operación conjunta y que Wedding se presentó voluntariamente en instalaciones diplomáticas estadounidenses. Incluso mostró una imagen del canadiense frente a la embajada como prueba de su dicho y citó una publicación en redes sociales donde el propio acusado afirmaba haberse entregado por decisión propia.

Sin embargo, esa evidencia también fue puesta en duda. Medios señalaron inconsistencias en la fotografía, como la ubicación —correspondiente a la antigua sede de la embajada y no a la actual— y el origen de la cuenta desde donde se difundió el mensaje, que presuntamente comparte contenido generado con inteligencia artificial y no pudo vincularse de forma directa con Wedding.

Desde Estados Unidos, el discurso tampoco ha sido uniforme. Mientras el embajador en México respaldó la versión de la entrega voluntaria, la fiscal general Pam Bondi aseguró públicamente que agentes del FBI habían detenido a Wedding como parte de una ofensiva contra los más buscados. A ello se sumó un mensaje del director del FBI, Kash Patel, quien afirmó que la captura fue resultado de una acción ejecutada con profesionalismo en coordinación con socios mexicanos.

Sheinbaum ha rechazado de manera tajante que agentes extranjeros hayan operado en México y subrayó que la cooperación bilateral en seguridad se limita al intercambio de información, no a operativos conjuntos. Tras una llamada reciente con el presidente Donald Trump, la mandataria insistió en que el país no aceptará la presencia de fuerzas estadounidenses en acciones policiales y que todas las detenciones en territorio nacional corresponden a autoridades mexicanas.

El caso Wedding no solo expone las tensiones habituales en la agenda de seguridad entre ambos países, sino también la disputa por el control del relato público. Más allá de si hubo una entrega voluntaria o una redada encubierta, el episodio vuelve a poner sobre la mesa un tema sensible: hasta dónde llega la cooperación y dónde empieza la soberanía.

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