Por Juan Pablo Ojeda
En el marco del Día Mundial del Sueño, especialistas alertaron sobre el impacto que tiene la falta de descanso en la salud metabólica y el aumento de peso. Estudios recientes advierten que dormir poco o tener un sueño de mala calidad puede alterar procesos hormonales clave del organismo.
El responsable de la Clínica de Trastornos del Sueño de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México, Rafael Santana Miranda, explicó que durante el sueño el cuerpo activa mecanismos fundamentales para el equilibrio del organismo.
De acuerdo con el especialista, durante la noche se regulan procesos como la liberación hormonal, el manejo de la glucosa, la reparación de tejidos y funciones cognitivas relacionadas con la memoria y el aprendizaje. Cuando el descanso es insuficiente o irregular, estos sistemas se ven afectados.
Por su parte, Mariana Isabel Valdés Moreno, jefa de la carrera de Nutriología en la Facultad de Estudios Superiores Zaragoza de la UNAM, señaló que la falta de sueño altera el equilibrio de hormonas relacionadas con el apetito.
Cuando una persona duerme poco, aumenta la concentración de grelina, hormona que estimula el hambre, mientras que disminuye la leptina, encargada de generar sensación de saciedad. Este desequilibrio provoca mayor apetito y menor control sobre la cantidad de alimentos que se consumen.
Además, los especialistas han identificado alteraciones en otras moléculas vinculadas al metabolismo y en los mecanismos que regulan los niveles de glucosa en la sangre. Dormir en horarios irregulares también afecta los ritmos circadianos, los cuales dependen principalmente de la exposición a la luz.
El uso nocturno de dispositivos electrónicos puede alterar estos ritmos biológicos, ya que la luz de las pantallas modifica las señales que controlan la liberación hormonal durante la noche.
Otro factor relevante es que dormir menos horas implica pasar más tiempo despierto, lo que aumenta las oportunidades para ingerir alimentos. Las personas con cansancio suelen buscar fuentes rápidas de energía, como alimentos ricos en azúcares simples o carbohidratos refinados.
Este proceso puede generar un círculo vicioso: menos sueño provoca más hambre y mayor consumo de alimentos densos en energía, lo que incrementa el riesgo de obesidad y otros trastornos metabólicos.
Los especialistas también subrayan que el sueño es fundamental en todas las etapas de la vida. Durante la infancia y adolescencia, por ejemplo, la hormona del crecimiento se libera principalmente durante el sueño profundo. Asimismo, el descanso adecuado influye en la memoria, la creatividad, la regulación emocional y el estado de ánimo.
Ante este panorama, expertos coinciden en que dormir bien debe considerarse una parte esencial de un estilo de vida saludable, junto con la alimentación equilibrada, la actividad física y una adecuada hidratación.
