Obesidad: bajar de peso no basta, el reto es mantenerlo sin efecto rebote

La obesidad se ha consolidado como uno de los principales desafíos sanitarios a nivel global. Su impacto va más allá del peso corporal: incrementa el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e hipertensión, además de afectar de manera significativa la calidad de vida. En Argentina, seis de cada diez adultos presentan exceso de peso y el 25% padece obesidad, según la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (ENNyS 2019), un dato que refleja la magnitud del problema.

En el marco del Día Mundial de la Obesidad, especialistas coinciden en que el descenso de peso, aunque relevante, no constituye la meta final. El verdadero desafío radica en sostener los resultados en el tiempo y evitar el llamado “efecto rebote”, un fenómeno frecuente que compromete los logros alcanzados y deteriora la salud metabólica.

Durante una reciente visita a Argentina, el médico Shantanu Gaur, fundador del programa Allurion, planteó un cambio de paradigma: “Bajar de peso es solo una parte de la ecuación. El verdadero desafío es mantenerlo, perder grasa y no músculo, y hacerlo de una manera metabólicamente saludable”. Este enfoque cobró impulso tras el aval otorgado por la U.S. Food and Drug Administration (FDA) al balón gástrico ingerible Allurion, un dispositivo que permite reducir peso sin cirugía, endoscopía ni anestesia.

El procedimiento consiste en la ingestión de un balón que se coloca en el estómago y genera saciedad mecánica. Según datos clínicos, puede alcanzar una reducción promedio del 12% al 15% del peso corporal en aproximadamente seis meses. En casos seleccionados y bajo estricta supervisión médica, la colocación de balones consecutivos puede superar el 20% de descenso.

Mariano Palermo, jefe de cirugía digestiva del Hospital Posadas y coordinador de Diagnomed —institución afiliada a la Universidad de Buenos Aires— subraya que la clave no reside únicamente en la herramienta terapéutica, ya sea medicación, balón o cirugía bariátrica, sino en el cambio de hábitos del paciente. El abordaje integral incluye seguimiento multidisciplinario con médico, nutricionista, psicólogo y especialistas en modificación conductual.

El mantenimiento del peso perdido continúa siendo el mayor reto. La evidencia clínica muestra que una pérdida rápida puede resultar motivadora, pero no garantiza la consolidación de hábitos saludables ni una mejora sostenida de la salud metabólica. Por ello, los programas actuales integran tecnología, educación nutricional y monitoreo digital. Aplicaciones móviles, balanzas inteligentes y sistemas de seguimiento permiten evaluar progresos y reforzar la adherencia diaria.

El doctor Carlos Esquivel, jefe del Servicio de Cirugía Bariátrica y Metabólica del Sanatorio Allende de Córdoba, señala que una reducción del 10% del peso corporal en personas con obesidad puede disminuir significativamente el riesgo de enfermedades crónicas como diabetes e hipertensión, además de mejorar la movilidad, la autoestima y la calidad de vida. Sin embargo, insiste en que la prevención, especialmente en niños y adolescentes, es fundamental para evitar la cronificación del problema.

Desde el ámbito nutricional, la vicepresidenta de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN), Marianela Aguirre Ackermann, destaca que el balón gástrico ingerible facilita la reducción de la ingesta calórica al generar saciedad, pero enfatiza que el éxito depende de metas realistas, planificación alimentaria, hidratación adecuada, ejercicio físico regular y contención profesional y familiar.

Las proyecciones globales refuerzan la urgencia de actuar. La Federación Mundial de Obesidad estima que 1.900 millones de personas vivirán con obesidad en 2035. En Argentina ya se han colocado más de 4.000 balones gástricos ingeribles, mientras que a nivel mundial la cifra supera los 150.000 procedimientos.

El consenso entre especialistas es claro: la obesidad debe abordarse como una enfermedad crónica y recidivante que requiere seguimiento a largo plazo. Alcanzar un peso saludable es solo el primer paso. El verdadero reto consiste en sostener el cambio, preservar la masa muscular, mejorar la salud metabólica y reducir el riesgo cardiovascular mediante un proceso que combine ciencia, tecnología y compromiso sostenido.

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